House of Blues – 16 de Marzo de 2014 – Gran Rex

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Con un Gran Rex colmado Hugh Laurie y la Copper Bottom Band mantuvieron vivo el sueño blusero que los trae por segunda vez a nuestro país.

Las palmas ya delataban a un público impaciente, eran esporádicas y duraban poco hasta un punto en que se volvieron constantes. La Copper Bottom Band tomó su lugar en el escenario, que nos permite ver el espacio que Lauire le reserva al blues en su mente; un living chapado a la antigua, mesas de luz con veladores, y un pequeño candelabro suspendido por sobre todo.

El inicio con Iko Iko se gana los primeros aplausos, pero el Dr. Blues no está en el escenario, su piano está vacío, sin nadie que lo toque. Una luz alumbra el fondo del escenario nos permite ver una figura de traje que resulta ser el buen doctor que entra en escena con cara de sorprendido. Baila, pega saltos, mientras avanza hacia su piano. Logra acoplarse a la canción y termina con un golpe, como si controlara toda la música del lugar con su mano.

Presenta a su banda, “la mejor del mundo”, habla algo de castellano ayudado por la genial corista Gaby Moreno, que lo asiste en todo lo que pide y entre ambos se encuentran gran parte de los chistes que Laurie se despacha a lo largo de las dos horas y pico de show.

Para al segunda canción Laurie pide la ayuda del público para cantar el estribillo de Let the Good Times Roll y a pesar de la longitud de la línea logra que el Rex cante junto con él y su banda.

Sobre el escenario parece que es Navidad, Laurie no pierde oportunidad para presentar a todos y cada uno de sus músicos, como al genial Mark Goldenberg que se desempeña maravillosamente en guitarra, teclado y acordeón.

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A lo largo de la velada presenta casi todas las canciones con la frase “esta es una canción muy vieja” y así el Gran Rex se llenó con composiciones de Lead Belly (You Don’t Know My Mind), Ray Charles (What Kind of Man are You) y Little Junior (Mystery Train)

Hasta que llega el momento que Hugh considera un “desafío”, tocar un tango que Louis Armstrong supo versionar en 1952 bajo el nombre Kiss of Fire, conocido en nuestras tierras como El Choclo. Esta versión es especial comenta Lauire porque decidieron fusionar las dos versiones, castellano e inglés y ver qué salía. Con Gaby Moreno cantando la letra en castellano y Laurie  la parte en inglés consiguen la victoria definitiva sobre un auditorio que ya estaba rendido hacía rato.

La función continúa, el revival blusero que propone Lauire funciona mejor de lo que debería. Logra transmitir ese amor desenfrenado que siente por el género cuando cuenta historias como la de Lead Belly: “estaba en prisión, y cuándo el gobernador de Texas lo escuchó tocar decidió que tenía que ser liberado…el tipo era así de bueno”. El auditorio, cautivado, lo escucha atentamente, ni siquiera el más joven (un chico que tendrá diez años a mi lado) deja de mirarlo.

El final pareció estar a la vuelta de la esquina cuando tocan I Wish I Knew How It Would Feel y la enérgica Green Rocky Road, que coronaba el cierre épico del show. Todos se retiran empapados de gloria, no hay nada que decir ni hacer. Pero la Copper Bottom Band y Laurie todavía no habían dejado la casa, y como si el show empezara de nuevo reaparecen el escenario para regalarnos el encore.

Se suceden velozmente Go to the Mardi Gras, Changes y el remate con You Never Can Tell de Chuck Berry que pone a todo el auditprio de pie mientras Laurie aporrea el teclado con pies y manos al mejor estilo Jerry Lee Lewis para despedirse definitivamente de una audiencia que no puede para de aplaudir.

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