10 de Mayo de 2014 – Teatro de Flores

Volvió Embajada Boliviana: El que quiso oir, oyó

El sábado 10 de mayo, el Teatro de Flores fue testigo del regreso a los escenarios de una de las bandas más representativas del punk rock platense: Embajada Boliviana. Tanto en su formato ‘acústico’ como ‘eléctrico’, la banda nos permitió recordar historias que creíamos olvidadas, y recorrer nostálgicamente esa década añorable y criticable: los ’90. Buenos Aires en Foco estuvo allí, y entre las alegrías, tristezas, amoríos y excesos reflejados en las canciones de Embajada, hubo lugar para pensar acerca de lo que significa ser ‘punk’ en la actualidad.

La condena de Julián Ibarrolaza llegó a su fin. Atrás quedó el 2010, año en que el regreso de Embajada Boliviana luego de 10 años con la gira ‘Sensaciones Encontradas’, se cortaba porque los médicos le diagnosticaban a Julián acúfenos, un problema en el oído interno sin solución aparente que le impide exponerse a volúmenes altos. El sueño y el pedido de tantos seguidores quedaba abrupto, e Ibarrolaza se recluía en su carrera solista materializada en ‘El fin del amor’, su tercer disco, que tuvo la particularidad de haber sido grabado en su casa, a volumen bajo y sin auriculares.

Pero luego de cuatro años, en esta segunda (¿y definitiva?) vuelta, el sol de Embajada Boliviana volvió a iluminar. Julián junto a su hermano Toto y a Mario Andresiuk en guitarras, integraron la formación acústica que abrió el recital. Así sonaron ‘Amor Eterno’ y ‘Silencio en la tarde’. Ibarrolaza se describió como un “enamorado de la música” y advirtió: “no me voy a detener”. A continuación, el acústico fue tomando color con dos clásicos del disco Soñando Locuras: “Me llevaré” y “Alguien como yo”. Sin embargo, el espacio destinado a las canciones de su carrera solista: “Todo lo que te diga”, “¿A dónde vas?”, “Kilómetros de mar” y “Los Poetas”, hizo crecer los murmullos y generó algunos silbidos. A pesar de ello, el líder de Embajada Boliviana agradeció al público (“también a los que silbaron”) y cerró con “Camino a la Sanidad” y “Todavía”, tema que se animó a bailar en el escenario a manera de gozo ante quienes no se habían identificado con la propuesta acústica.

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Quedará para la reflexión el papel de cierta parte de los espectadores: ¿Qué pasará por la cabeza de aquellos que con el grito “vinimo’ a embajada, ¿embajada dónde está?” tapaban la voz del autor y compositor de la mayoría de las canciones de la banda? ¿Por qué un género minoritario que en sus orígenes era un espacio para la contra cultura, de rebeldía ante la cultura dominante, en la noche del 10 de mayo expresó prácticas que nada tienen que envidiarle al más retrógrado fascismo? ¿Por qué aceptamos que en defensa del ‘verdadero punk’ es necesario intentar callar a alguien, práctica totalitaria si las hay? A pesar de todo, fueron más los que tragaron saliva y decidieron contrarrestar los rezongos con enérgicos aplausos, demostrando que el punk todavía es un espacio libertario, ahí no hay lugar para intolerantes.

El Cabeza, histórico bajista, se cargó al hombro la banda en la formación ‘eléctrica’ de Embajada, y en tiempos de incertidumbre electoral, dado que ”ya no quedan mas cojones”, propuso “Embajada a las elecciones, para vivir alegre y contento, Embajada al Parlamento”. Le siguieron canciones que reflejaron el universo que atravesó a esos jóvenes de La Plata en los primeros años de menemismo: “No pienso cambiar”, “Yo estaba mal” y “Cosas que pasan”. Juan Elso, hermano del Cabeza estuvo en la voz en “Pedro y Juan” (canción de Soñando Locuras que cantaba Ricky Espinosa), y la despedida fue con “Memorias de la Guerra”, dedicada a los ex combatientes de Malvinas.

A 22 años de su nacimiento, volvió Embajada Boliviana. Volvió la cerveza en la esquina, el momento con los amigos, y el desinterés y la tristeza de ese ‘no future’ argento que todavía se está pagando. También regresaron las canciones de amor, y  lo complejo de expresar de manera simple el deseo de besar y agarrar de la mano a esa chica. Con este segundo retorno de la banda volvió la memoria, y la necesidad de volver a ser golpeado por esas sensaciones tan agudas y existenciales de la adolescencia. Volvió Embajada y volvimos nosotros. No tenemos nada, pero fuimos felices.   

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