11 de Septiembre de 2014 – The Roxy Live

Aquello que no puede morir

Ya es imposible ver en vivo a Death. Con la muerte de Chuck Schuldiner, en Diciembre de 2001, se terminó la carrera de la agrupación que definió el género conocido como death metal. De todos modos, Death to All constituye la mejor opción para aquellos que no tuvimos la chance de verlos en vivo, ya que en su única gira latinoamericana, en 1998, no incluyeron a Argentina. El proyecto DTA deja bien en claro que no pretende tomar el lugar de la banda original, aunque constituye algo más que el homenaje que dicen realizar. La formación que ensamblaron para este periplo presentó no sólo la base rítmica más memorable de la historia de Death, sino una de las más certeras del metal extremo y el thrash. Este dato ya debía seducir a cualquier fan.

A pocos minutos de abrirse las puertas, Necratal comenzó con su set de thrash moderno. Este último adjetivo no desluce su estilo, pues a los machaques y solos compartidos a la usanza de los 80s le incorporaron arreglos más propios de la década pasada con la pericia necesaria para incrementar la intensidad de las canciones. Aún con poco público, los cordobeses Necropolis no tuvieron empacho en confesar que le deben su propia existencia como banda a Schuldiner, algo que rápidamente se intuye. Su líder, Guillermo “Pacha” Gómez, canta en el tono agudo de la última etapa de Chuck, mientras intercambia melodías con un bajista, Fabián Pignataro, que gusta del tapping sobre un instrumento de cinco cuerdas. Presentaron un tema nuevo, mientras que el baterista amagaba con los primeros compases de “Spirit Crusher”, que grabaron para un disco tributo. Dittohead cerró la tanda de soportes, y aunque el nombre lleva inmediatamente a identificarlos con Slayer, lo de esta joven banda del Oeste del conurbano se balancea entre una propuesta tradicional y otra más actual, mayormente debido a las líneas vocales. Con “Bonded by Blood” de Exodus y “Souls of Black” de Testament (con Guillermo Romero de Serpentor acompañando en la voz) convencieron a los seguidores del viejo thrash, mientras que con sus propias composiciones tratan de avanzar algo más. El volumen por momentos se volvió estridente, único punto en contra para este debut en un show internacional.

Cerca de las 21 el pequeño local de Palermo Hollywood ya estaba colmado. El logo de Death tras la batería, la imagen del cantante/guitarrista Max Phelps más la precisión de cada uno de los músicos, nos trasladaba a esa situación tan añorada: la reencarnación de aquella agrupación pionera. Ya desde el inicio con “The Philosopher” se incrementó esa suerte de incertidumbre. El bajista Steve DiGiorgio grabó dos álbumes, lo mismo que el baterista Gene Hoglan (Individual Thought Patterns los tuvo juntos), mientras que Bobby Koelble (reemplazante de Paul Masvidal en la guitarra), participó en el álbum Symbolic. Una buena parte de historia del death metal se hacía carne sobre el escenario, si bien sólo la presencia de Schuldiner (salvo una breve ocasión) daba sentido al nombre de Death. Entendido esto, el concierto se transformó en una celebración con las más recordadas canciones que se hayan compuesto en esa veta tan prolífica del metal más pesado.

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DiGiorgio resultó ser el líder, tanto por su carisma (en breves ocasiones tomó el micrófono para saludar y arengar) y sobre todo por su virtuosismo. Si lo escuchaste en el disco Human (del cual extrajeron “Suicide Machine”, “Lack of Comprehension” y “Flattening of Emotions”), bien sabés que cada pulsación está pensada para acentuar la intensidad de la canción, aquí recreadas con fretless de cinco y tres cuerdas. Otro monstruo en su instrumento es Hoglan, multiplicador incansable de golpes de doble bombo. Phelps utilizó una BC Rich modelo Stealth, construída a semejanza de la que utilizaba Schuldiner, y junto a su cabello encrespado y su entonación gutural (aunque algo opacada por la calidad del sonido), se mimetizaba con el joven Chuck que aún vemos en los videos.

A partir de “Symbolic”, en el último tramo del show, el alemán Steffen Kummerer (de la banda Obscura) tomó el puesto de cantante y guitarrista, en lo que se convirtió en la parte más melódica del set, que incluyó el único corte de The Sound of Perseverance de la noche, “Bite the Pain”. En esta línea, se hubieran lucido “1.000 Eyes” y “Flesh and the Power It Holds”, aunque no hay de qué quejarse, buena parte de los clásicos ya se habían hecho presentes. El bis, de nuevo con Max Phelps al frente, arrancó con un medley de Scream Bloody Gore, “Zombie Ritual” y “Baptized in Blood”, seguido de uno de los momentos más gancheros de todo el death metal: “Crystal Mountain”.

Está de más agregar estas viñetas: el público coreando cada melodía de guitarra y recordando a su creador al grito de “Chuck, Chuck” mientras  los músicos agradecían como si fuera su último show. En todo caso, el espectáculo superó las expectativas de más de uno a ambos lados de la valla. ¿El final? “Pull the Plug” se caía sola si alguna vez seguiste a la institución recreada esa noche. No creo que haya mejor forma de continuar tal legado que recordándonos cuanta creatividad portan estas canciones.  

Setlist:

  1. The Philosopher
  2. Leprosy / Left to Die
  3. Living Monstrosity
  4. Suicide Machine
  5. In Human Form
  6. Lack of Comprehension
  7. Spiritual Healing / Within the Mind
  8. Flattening of Emotions
  9. Symbolic
  10. Zero Tolerance
  11. Bite the Pain
  12. Overactive Imagination

Bis:

  1. Zombie Ritual / Baptized in Blood
  2. Crystal Mountain

Bis 2:

  1. Pull the Plug