09 de Octubre de 2014 – Groove

EL QUINTO GRANDE

Si bien el título de esta crónica es algo meramente subjetivo, muchos de los que vimos a Exodus en esta última visita podríamos afirmar que la banda de Gary Holt ocupa el quinto puesto en ese ranking de bandas thrasheras oriundas de la “Bay Area”. La llegada del grupo a Sudamérica coincide con el lanzamiento de su nueva placa “Blood in blood out” y el retorno en las voces de Steve “Zetro” Souza, quien grabó algunos de los discos clásicos de la banda pero abandonaría el barco allá por 2005, cuando tenían confirmada una fecha en nuestro país (en el tristemente célebre “República Cromañón”) obligando a suspender el resto de la gira y postergando la llegada de los estadounidenses que vinieron años más tarde, pero con Rob Dukes como vocalista. Afortunadamente para los fans el pasado quedó atrás (o la guita lo pudo más) y el gordo Souza fue quien estuvo presente esa noche en Groove para entonar los himnos que hicieron grande a la agrupación.

El local de Palermo se encontraba casi lleno cuando ingresé y supuse que no iba a empezar hasta las 22:00 hs pero 5 minutos antes de esa hora la banda subió al escenario y salió a matar con “Bonded by blood”,  patada inicial que desató la locura del público. Al sonido le faltaba potencia en los primeros temas, poco parecía importarle a la gente que pogueaba como si fuese 1985. La cuestión sonora iría mejorando con el paso de los temas, creo que para “Metal command”  ya sonaba un poco más potente. El setlist estuvo compuesto en su mayoría por temas de su clásico disco “Bonded by blood” pero también hubo tiempo para repasar los álbumes que grabaron con Rob Dukes, tocaron “Iconoclasm” y “Children of the worthless god”. Gary Holt es un animal de las 6 cuerdas y la banda que lo acompaña integrada por Jack Gibson, Tom Hunting (miembro histórico) y Lee Altus (Heathen) no desentona en lo absoluto. “Zetro” mostró una buena performance en lo vocal y manejaba al público a su antojo, pedía que no dejen de agitar y que mantengan “el circle pit” (esa ronda que se arma en el pogo). Souza es un gran frontman y a pesar de la demagogia en la que cae en algunas oportunidades, se lo notaba feliz de estar de nuevo junto a la banda.

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Ante el cantito de “Olé olé olé olé” la banda respondió con una versión del mismo pero metalera y más rápida. En un momento hasta se improvisó una “Wall of death” (otro término en inglés) bastante violenta donde tras el pedido del vocalista se dividió el público en dos para luego chocar uno contra el otro cuando la canción lo ameritaba.  Otro gran momento fue “The Toxic Waltz” con la concurrencia totalmente entregada a los riffs de la banda de San Francisco. Holt, quien lucía una abundante barba, tomaba tragos en unos vasitos blancos descartables que después arrojaba a la gente, quizás me equivoque pero parecía entonado o al menos lo noté más relajado que cuando toca en Slayer. En un momento tomó la palabra y en medio de agradecimientos dijo “Había una puta que decía ‘no llorés por mí Argentina’ yo digo ‘llora por mí, llora por mí Argentina’”. También Steve se refirió a Gary “Es el diablo por eso toca en la banda más jodida del mundo” dijo Souza señalando al guitarrista. Casi llegando a la hora y media de show el quinteto dejó el escenario para luego volver y cerrar con “The last act of defiance” y “Good riddance”, prometieron volver el año que viene y dejaron una muy buena impresión con respecto a su futuro. El único aspecto negativo no estuvo relacionado a la banda y  fue el deceso de un fan debido a un paro cardiorrespiratorio. Ni durante el show ni al retirarme advertí la situación pero parece que se trató de una muerte súbita, ya que según trascendió, el joven no estaba intoxicado ni resultó golpeado en el pogo. Nuestras condolencias para su familia y allegados.