19 de Diciembre de 2014 – Teatro Coliseo

Talento a la carta

Cálido e íntimo, como nos tiene acostumbrados, Pedro Aznar cerró el año en el Teatro Coliseo, con un repertorio seleccionado por el público. Calurosa noche en la Capital donde no faltaron los clásicos ni las sorpresas.

Las luces se apagaron y los aplausos no tardaron en irrumpir en la sala. Gritos que contagiaron y espontáneamente se fundieron en un “olé olé olé olé, Pedro, Pedro…”.  Se abrió el telón y se vislumbró la figura de Aznar acompañado por un elenco de notables músicos que incluye a Tomás Fares en teclados, Alejandro Oliva en percusión, Coqui Rodríguez en guitarras y Julián Semprini en batería.

A las 21.45 sonaron los primeros acordes de “Quebrado” y bastaron apenas unos segundos para percibir la solidez con la que vibra la banda. Le siguieron “Par” y “Mientes”.  De fondo, en la pantalla que formaba parte del escenario se podían contemplar imágenes de Serú Girán 

“Hoy es la despida de ‘A la carta’, que es de ustedes y que nos ha dado una inmensa alegría durante todo el año. Hemos tocado por todo el país y por toda América: desde México hasta la Patagonia. Les queremos agradecer las canciones que eligieron porque lo hicieron con muy buen criterio”, anunció el artista clave del rock nacional con una sonrisa que anticipaba una jornada inolvidable.

El público, conformado mayormente por jóvenes y adultos, estaba impaciente por descubrir la lista de temas. La emoción continuó con “Tu amor”, “Ella se perdió”, “Si me das tu amor”, “Rencor” y “Ya no hay forma de pedir perdón”, una de las canciones más aplaudidos de la noche.

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“Vamos a hacer ahora dos zambitas. La primera tiene una muy linda historia por detrás. Esta canción surgió a partir de una invitación del querido y admirado Víctor Heredia. Él ha recibido en manos del hijo de Atahualpa Yupanqui una cantidad de poemas inéditos y nos convocó a distintos autores para que escribiéramos sobre estas joyas. Y realmente fue una oportunidad única. Después vino la cereza del postre cuando Mercedes Sosa lo incorporó a su repertorio y lo grabamos juntos”, así presentaba Aznar el homenaje a estos tres grandes artistas con “Romance de la luna tucumana”. Luego, vino “La Pomeña”, que cautivó el alma de los espectadores con una interpretación brillante.  

El menú siguió creciendo con intensidad con “Décimas” y “Amor de juventud”. Hasta que… “Tenemos un problemín (sic) con el piano, ¿puede ser? Es como cuando no te anda el teléfono y te dicen ‘todos nuestros operadores están ocupados, por favor vuelva a intentar’ ¿Qué hacemos? ¿Seguimos o cuento chistes? ¿Ya se arregló? Mirá Telecom que eficiente…”, bromeó Pedro y todos estallaron en carcajadas. Después llegó el turno de “Sólo Dios sabe”, con un coro de cinco voces en la que el público tuvo una participación estelar. El momento más romántico llegó de la mano de “A primera vista”, “Viernes 3 A.M.” y “Amar y dejar partir”.

Pasadas las 23, las luces se apagaron y Aznar comenzó a cantar a capella “Como la cigarra”, de María Elena Walsh. En la pantalla se proyectaba una imagen de las Madres de Plaza de Mayo. La gente no dudo en corear el estribillo. Luego le siguieron “Nocturno  suburbano”, “Jealous guy” (Jonh Lennon), “Faro de los ahogados” (Os Paralamas), “Los días más cortos del año”, “Fotos de Tokyo” y “A cada hombre, a cada mujer”.

“Nos estamos acercando a la final, vamos a cerrar con una canción muy especial… Es la que le da título a nuestro álbum Ahora. Y habla precisamente de vivir el momento presente, cosa que parecería una absoluta obviedad, pero muchas veces uno se olvida de eso, la cabeza se dispara y vivimos dándole vueltas al pasado, especulando sobre el futuro que no es más que eso: especulación. Y nos olvidamos de ahondar verdaderamente en el presente. Esta canción nos pregunta si podemos sentir nuestra presencia en el ahora”. De esta manera, a pedido del artista, el Teatro Coliseo dejó sonar la última nota de la canción hasta que se fundió en el silencio. La complicidad que generó con el público fue inmediata. Vibración colectiva. Aznar saludó y desapareció del escenario.

Nadie se movió de sus asientos. Todos esperábamos más. Nos subimos a un viaje y no queríamos aterrizar. Pedro comprendió y subió la apuesta con “Trouble” (Coldplay), “Karma police” (Radiohead), “Wake me up when September ends” (Green Day), “Shape of my heart” (Sting) y “Wild horses” (The Rolling Stones). Las luces se apagaron. Otra vez.

Sorpresivamente a la medianoche se proyectó un vídeo que mostraba la grabación de “Break it all” (Rompan todo), de Los Shakers, en las voces de Charly García y Sandro. Se encendieron las luces y pocos podían creer lo que sus ojos observaban: ¡Charly estaba arriba del escenario! Las corridas, los gritos y los flashes fueron instantáneos, todos querían tenerlo cerca. La euforia nos creó la ilusión de que la canción no superó el minuto. Lo bueno no podía durar tan poco. Queríamos más. Teníamos sed de más. Pero, desenchufaron los instrumentos, abrieron las puertas y algunas personas comenzaron a retirarse del lugar.

Aznar comprendió todo. Una vez más. A los pocos minutos, regresó al escenario con Charly y pidió silencio absoluto. En un primer momento, nadie le hizo caso… Sin embargo, las ganas de verlos juntos fueron más fuertes y los gritos se contuvieron. Como si estuviesen en el patio de su casa o en un fogón, se acomodaron en el piso con una guitarra y sin micrófonos comenzaron a tocar “Confesiones de invierno”. En las últimas estrofas, los fanáticos corearon al ritmo de la emoción. Magia pura.

Y así se fue una noche impecable. Un artista como pocos. Perfeccionista, cercano y fiel a su público, Pedro Aznar encontró la fórmula para generar el clima perfecto en cada concierto. Se despidió de su gira “A la carta”, pero continúa con nuevos proyectos. Siempre un paso adelante. 

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