02 de Mayo de 2015 – Ciudad del Rock

“Una noche británica”

Motörhead, Judas Priest y Ozzy Osbourne. Tres de los pilares del metal inglés de los 80’s juntos en una noche. El line-up era más que prometedor y con la compañía de pesos pesados nacionales como Malón, Carajo y Plan 4, podía ser un día inolvidable.

Particularmente, me perdí a todos los actos nacionales por el lento ingreso al estacionamiento del predio. 2 horas y media de fila para poder estacionar en Parque Roca. Llegué justo para ver a la primera de las 3 leyendas.

Vale destacar, antes de entrar a comentar cada show, la puntualidad y el respeto por los horarios presentados por la organización.

Motörhead a las 17:20 estaba sobre el escenario de la “Ciudad del Rock” y arrancaban con “Shoot You In The Back”. Y lo que tendría que haber sido una invitación al desmadre y al pogo desmedido, fue apenas un buen tema. No por culpa de ese trío invencible que integran Lemmy, Mikkey Dee y Phil Campbell, sino por un viento insoportablemente fuerte que se hizo presente durante todo el recital. Hubo momentos que se pudieron disfrutar más, como la enorme “Metropolis”, “Lost Woman Blues” (temazo) o “Just Cos You’ve Got The Power” pero durante la mayor parte del show, la viola estuvo baja salvo en los solos. El bajo de Lemmy se escuchaba muy de vez en cuando y la batería tenía sus momentos. Al final, el viento aflojó y “Overkill” fue lo que tenía que ser: un gancho de Mike Tyson. Y acá no importó en absoluto los vaivenes de salud que el ícono de Motörhead viene teniendo desde hace un tiempo. Lemmy demostró que tiene cuerda para rato y que es el mejor haciendo esto que se llama rock n’ roll. En poco más de una hora de show, el trío se paseó por (casi) toda su discografía y nos dejó satisfechos.

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Rápidamente la noche copó Soldati y con ella, el frío se hizo presente. Para las 19hs el escenario ya había mutado y estaba todo listo para que los liderados por Rob Halford tomen la posta.

Y qué decir de Judas Priest, si con las tres primeras patadas (“Dragonaut”, “Metal Gods” y “Devil’s Child”) y con un sonido potente y MUY superior al de Motörhead (el viento había mermado, es cierto) ya nos tenía a todos comiendo de su mano. Ni que hablar cuando sonó el riff de “Victim Of Changes” y terminó de coronar un comienzo para enmarcar. Cuatro canciones y El Sacerdote coronaba una de sus mejores presentaciones en estas tierras.

Ritchie Faulkner y Glenn Tipton como dupla guitarrera no tienen igual. Se los nota aceitados, cómodos y con mucha energía a la hora de encarar sus solos, aunque Tipton estuviese más estático que de costumbre. Escribir sobre el Metal God es algo complicado. Es aquel que todo lo puede y que con su voz va de los gritos más agudos que oí en vivo, a unos guturales dignos de cualquier garganta death-metalera. Halford es un Dios, como Ozzy y Lemmy, que lució sus poderes (otra vez) en la gran “Jawbreaker” y en ese final a todo trapo que fue “Painkiller”.

Una ovación enorme despidió a Judas Priest y la espera por el hombre más temido por los murciélagos comenzó. Pero fue una espera corta.

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Diez minutos antes de lo pautado, Ozzy Osbourne ya estaba en el escenario pidiendo que nos volvamos locos al ritmo de “Bark At The Moon” y “Mr. Crowley”. A Ozzy se lo notó con mucha energía, en un buen estado vocal y con bastante frío (“it’s fuckin cold up here” lo escuché decir un par de veces) lo cual no le impidió correr por todo el escenario o agarrar la manguera y bañar a todos los de la primera fila, fotógrafos incluidos.

Durante la primera parte del show, el sonido fue claro y fuerte, aunque podías hablar con la persona de al lado sin problemas. Promediando el recital, el viento reapareció y generó algunos baches.
Un par de temazos de Sabbath (“War Pigs”, “Fairies Wear Boots”) por el medio de la lista, hicieron que el show no se pinchara tras el bodrio que fue el solo de guitarra, sin sentido alguno, de Gus G. Tras una sola gema rescatada de su catálogo (“Shot In The Dark” del colosal “The Ultimate Sin” de 1986), Ozzy cerró su show con las cuatro de siempre: “I Don’t Want To Change The World” y “Crazy Train” de su cosecha personal,  “Iron Man” y “Paranoid” (arruinada por otro solo sin sentido) de los más grandes.

Y sin mucho más que decir, la voz de Black Sabbath se bajaba del escenario.

Después de esa noche, solo pido un par de cosas:
– Judas, volve pronto.
– Lemmy, no te mueras nunca.
– Ozzy, cambia de guitarrista.

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