18 de Julio de 2015 – Groove

Opeth es una de las mejores bandas de metal de los últimos 20 años. ¿Por qué?

Porque no hay banda que haya mutado disco a disco y haya, no solo mantenido, sino elevado el nivel de sus composiciones. Porque su ensamble en vivo es único. No hay agrupación que pueda replicar exactamente lo hecho en el estudio y encima, potenciarlo a otro nivel. Ser tan perfectos como Dream Theater y al mismo tiempo, imprimirle esa suciedad característica del Death Metal. Porque son suecos. Y los suecos son los mejores en todo.
Pero todo esto también es, porque el genio de Mikael Akerfeldt sabe rodearse de músicos capaces de hacer todo tal como suena en su cabeza. Martin Axenrot, Martin Mendez, Fredrik Akesson y Joakim Svalberg conforman la formación actual de Opeth y con semejante performance, no hay dudas de que son los tipos ideales para esta banda.
El recital del sábado 18, tercero en el país, no solamente superó la visita de 2012 (no estuve presente en el show de The End, en 2009) en cuanto a potencia y calidad sonora, sino también en cuanto a show, ya que fueron 2 horas de perfección sueca.
El comienzo con “Eternal Rains Will Come” y “Cusp Of Eternity” de la última incursión al estudio, “Pale Communion”, sirvieron de apertura y demostraron que el sonido iba a ser fuerte, muy fuerte. Pero que la claridad iba a decir presente durante todas las canciones que Opeth interpretase durante la noche. A continuación, y para sorpresa de todos aquellos que no vimos la lista del show anterior, “The Leper Affinity” del INMENSO “Blackwater Park” y “The Moor” de esa oda a la perfección llamada “Still Life” conformaron un bloque de 40 minutos con el que la banda, sin mediar palabra alguna, se ganó al público que llenó Groove.
Otra diferencia con el concierto de 2012 fue que, además de una mayor interacción con el público, los presentes participaron mucho más, ya sea cantando los riffs y castigándose en rondas gigantes en “Heir Apperent” (la gema de “Watershed” fue uno de los puntos altos de la noche) y “April Ethereal” (“My Arms, Your Hearse” 1996) o pidiendo a gritos “Ghost Of Perdition”. Pero por otro lado, se sabe que los shows de los suecos son para contemplar y prestar atención a todos los detalles, tal como el de Steven Wilson hace unos meses. Por eso, cuando llegaron los momentos más calmos de la noche como “Elisian Woods” o “To Rid The Disease” (“Damnation” 2003), los cantitos de cancha y el griterío cedieron para que los sutiles arreglos de Fredrik o la voz de Mikael queden solos ante un silencio atroz y la mirada atenta de los presentes en palermo.

Opeth, 18.07.2015 @ Groove

Akerfeldt no es un frontman común. No arenga, no dice “jump motherfuckers” o son “el mejor público del mundo”. Agradece de manera sincera, pero se ríe cuando la gente corea los riffs, canta el “olé olé olé, Opeth, Opeth” y se mofa de su bajista cuando le habla al público en su castellano natal. También se permite relajar un poco y cantarle el feliz cumpleaños en sueco a su guitarrista, hacer un riff de AC/DC o simplemente prometer que la próxima vez que vengan (“si así lo quieren ustedes” dijo) harán “Ghost Of Perdition”.

Volviendo a lo que Opeth hizo sobre las tablas, todos sus discos fueron citados con al menos una canción, salvando el debut “Orchid” que fue ignorado. Vaya alguien a saber porque.
“The Devil’s Orchard” de “Heritage” (2011) fue cantada de principio a fin por todo el recinto. “The Grand Conjuration” del imprescindible “Ghost Reveries” (2005) no solo se cantó, sino que también desató una de las ovaciones más grandes de la noche. Se ve que no solo este cronista quería escuchar magias de aquel discazo. Y el final, fue el que todos esperaban.
Los 13 minutos 37 segundos de “Deliverance” fueron el broche final para una noche en la que Mikael Akerfeldt se mostró entero con su voz, tanto a la hora de cantar como de rugir como un diablo y letal, como siempre, con su guitarra.
Opeth reafirmó que una gran banda, para serlo, no solo debe hacer discos perfectos, sino también hacer conciertos que sorprendan, cautiven, emocionen y te hagan olvidar de todo lo que ocupa tu cabeza al menos por ese instante de felicidad.
Nada más y nada menos, que el mejor show en lo que va del año.