02 de Agosto de 2016 – Niceto

La fiesta de Swans en Niceto

Swans es una entidad que su director y usina artística, Michael Gira, reformó en el año 2010. Desde entonces, esta encarnación de la banda lanzó cuatro discos de estudio, tres ep y tres discos en vivo.
Pero hacer una ficha técnica a partir de información que cualquiera de nosotros puede obtener googleando no es la idea de este texto.
A través de las palabras y de pequeñas anotaciones que hice durante la performance del sexteto el martes 2 de agosto en Niceto Club, intentaré describir y sin spoilear demasiado, como es ver a Swans en vivo.
Ya cuando entrabas a Niceto se notaba algo diferente. Desde el gesto de repartir tapones para los oídos en la entrada por el volumen que se iba a manejar en la noche hasta la música seleccionada por el propio Gira que sirvió de aperitivo en la espera, todo era parte de la experiencia de ver a Swans. Y qué lindo entrar al recinto, verlo lleno y saber que hay mucha gente que disfruta de las emociones intensas…o violentas.
El show se había anunciado para las 22hs y habiendo pasado apenas unos minutos nada más, el sexteto ya se encontraba sobre el escenario preparado y su líder daba indicaciones, casi sin decir una palabra, pidiendo que le alumbren bien las letras y que le suban los retornos.
Con una introducción larga, lenta y abrasiva comenzaba la noche. Y es a partir de “The Knot”, que bien puede ser una relectura de “No Words/No Thoughts”, que se puede entender la dinámica de Swans. En primer lugar, los tipos generan el clima, el ambiente. Te obligan a abstraerte de cualquier otra cosa que esté sucediendo y una vez inmerso, se empieza a desarrollar todo. Melodías, acordes e incluso el tempo, todo está en un segundo lugar.
Viendo el show como lo que es, un todo, se entiende porque “Screenshots” se ubica en segundo lugar en la lista. El bajo, cargado de groove, guía durante los primeros compases y da lugar a la entrada de la batería más constante y regular del set. Es la pieza más ganchera, de principio a fin, y se puede ver como las cabecitas se van agitando al ritmo que se impone desde el escenario.

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La música de Swans en esta etapa toma elementos y colores de muchos estilos. Es por eso que de momentos demasiado gancheros como el mencionado, se pasa a la atmósfera más opresiva y espesa que conforman los treinta y siete minutos de “Cloud Of Forgetting” y “Cloud Of Unknowing”. Y es a partir de acá que los sentidos realmente están a flor de piel. Es a partir de acá que se justifica el uso de los tapones, porque el volumen empezó a subir estrepitosamente, pero sin jamás perder la nitidez ni la capacidad de entender cada instrumento que sonaba. Cada vez que Chris Pravdica sumaba sus graves a los golpes de Phil Puleo, podías sentir como todo el cuerpo recibía el impacto.
Lo que más sorprende, es como cada uno estaba inmerso en su mundo, sin percatarse de lo que el público hacía, salvando Gira que cuando vio que un muchacho se disponía a grabar lo que sucedía, se acercó al borde del escenario y le dijo terminantemente que no. Y es entendible, porque él exige que te sumergas en la experiencia y hace todo lo posible para que sea tal cual lo quiere. Por eso se mueve constantemente con los golpes de batería, dirige a sus músicos y marca los climas. Pide que repitan tal o cual parte, y pareciera que la música, por más que la conozcamos por su versión grabada, se resignifica y toma otras dimensiones en el vivo.
Y con su mera presencia, se puede entender que Swans, en 2016, es el. El tipo toca su guitarra con fuerza, pero le deja a Norm Westerberg, una leyenda como Gira, la tarea de las guitarras cuando se calza el traje de director y con las manos marca los tempos fuertes y débiles. O cuando solamente se dedica a recitar esas letras celestiales e hipnóticas y su voz toma un papel preponderante en las atmósferas de las canciones de las nubes, a tal punto que no terminas de definir si está muy influenciado por Ian Curtis de Joy Division o entona un canto gregoriano. O ambas.
Hubo varios momentos, en especial en el último tramo de la noche, en que esperaba ese grito que resquebraje la noche. Pero claro, esto es Swans y no Neurosis, por más que imagine que la banda de Steve Von Till en vivo pueda ser una experiencia, en algún punto, similar.
Siendo las 23:47 y sin decir más de cuatro veces “thank you”, Gira y compañía se embarcaban en la última magia de la noche, esa que da nombre a su última creación y cierra el telón.
“The Glowing Man” se inició el martes 2 de agosto y terminó el miércoles 3 de agosto a las 00:15hs. Veintiocho minutos en los que los sentidos de todos los presentes fueron aplastados por música pura. Para el minuto 15, momento en el que empieza a estallar la canción por el ritmo sostenido, no había un alma que estuviese mirando un celular, o yendo a comprar una cerveza. Todos inmersos en ese océano de altísimo volumen.
No había nada más que eso.

Ni proyecciones ni luces estridentes ni birra que comprar o participación alguna del público. Swans te abstrae del mundo cada vez que toca una nota.
Y si, habrá momentos en los que el baterista hace fills inexplicables, fuera de tempo, deforme y no entendes que sucede ni hacia donde van. Inclusive, tenes la sensación de que lo que pasa es feo. Y es así. Es feo pero real. Es feo hasta que toma forma. Es humano. Es música en su estadio más puro.

Y es por esto que Swans es lo que es.