24 de Abil de 2017 – The Roxy

Un Kataklysm “tan bueno como un Malbec”

Los canadienses no detienen su motor. En su escala argentina recalaron en Palermo previo paso por Córdoba y la sureña Cipoletti. Un alto como el del Valle regado de un demoledor death metal y de buen vino, cuestiones de la que el líder y voz de Kataklysm parece que sabe y mucho.

Muchas veces lo que se oye en las previas a los shows constituyen lo más interesante a nivel extra musical. Son casi las 21.30 de un lunes de fines de abril y la esquina palermitana que suele arder entre jueves y domingos es un desierto. No prevé ni la calma que antecede al huracán.

Entonces surge que los cuatro canadienses que en media hora pondrán en llamas un reducto casi vacío vienen de jarana en jarana, que el bajista está mejor porque “durmió como diez horas” y que “anoche (domingo) consiguieron uno de los pocos bares abiertos” y el lunes se extendió más de la cuenta.

A las 22 los cuatro estaban ahí, firmes, estoicos, como si nada hubiese pasado. Y con “Like Angels Weeping (The Dark)”  dan inicio a eso que por algo denominan “northern hyperblast”. O una “hiperexplosión norteña” que si bien comparten entre todos, la mayor responsabilidad recae en Oli Beaudoin, el actual baterista. Que aún permanece en su sitio, algo no frecuente en Kataklysm donde los bateros suelen pagar las consecuencias con lesiones que terminan alejándolos de la banda.

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El “Ghosts and Gods of Latin America Tour 2017” que dio inicio en Chile, pasó por Montevideo, Córdoba, Cipoletti y Buenos Aires prosigue con “The Black Sheep”, “As I Slither”, “Taking the World by Storm” y “At the Edge of the World” aquí en el borde de un mundo que para Kataklysm no reconoce fronteras en lo que respecta a tamaño de audiencia. Es que no llegamos ni a un centenar pero los canadienses se esfuerzan para que su cataclismo deathmetalero conmueva las bases de un Roxy raleado quizá porque es lunes o porque es fin de mes o porque los osados que los hacen bajar no difunden la fecha.

Como sea, los 17 temas o mazazos con los que extasían a la concurrencia durante esta gira, cumplen con lo que fans e invitados fueron a buscar: la dosis exacta de blastbeast, riffs asesinos que durante una hora no van a dar respiro ni descanso.

El frontman intenta durante toda la noche que los más zarpados, los que tiene ganas de pogo, se arrimen al fogón. No siempre lo consigue, pero cuando lo logra, de los claros del Roxy, que no son pocos, emerge una suerte de fuerza centrífuga que se retroalimenta con la que baja del escenario.

Una bufanda de Venezuela, abierta toda la noche como las que adornan las tribunas de estadios europeos llaman la atención de Maurizio Iacono, el cantante quien no deja de pasar la oportunidad de saludar al que la porta y contar que conoce al país y que pese a la crisis en la que está sumida “es una gran nación”.

La lista se va consumiendo y en el intervalo entre un tema y otro, el líder agradece la calidez y el cobijo que le dado Argentina, país que también conoce. Revela tener “familiares en Mendoza” y pondera a la tierra cuyana “por su buen vino el Gran Malbec”.

Así el pulgar en alto imita a una gran copa y lo imitan algunos vasos y porrones de cerveza. Son las 23 a la lista ya no le quedan temas. Y a Kataklysm, que agradece “la hospitalidad argentina” le sobran razones para un pronto retorno, mejor difundido, en mejor fecha y escenario, más allá de que su propuesta deathmetalera diste de ser masiva.

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