12 de Agosto de 2017 – Teatro Vorterix

En veda electoral, el Canciller reunió adeptos

Coincidiendo con su lanzamiento, el conjunto del ex Riff presentó su último trabajo de estudio, “Equilibrio”, ante un teatro a sala llena en lo que fue una verdadera fiesta al servicio del Rock & Roll más puro.

¿Cuántas bandas locales existen que embanderen el verdadero sonido y espíritu del Rock? Aquel de raíces bluseras que devienen en “Subí a Mi Voiture”, ese de melodías inocentes pero no así tanto sus letras como “Es Tarde” o el que se mete de lleno en el género pesado cada vez que suena “En la Ciudad del Gran Río”. Por suerte, a sus 68 años, Víctor “Vitico” Bereciartúa sigue en el ruedo con todo el material que supo construir a lo largo de su carrera y un currículum con mucho peso. Es que si sacamos del espectro a Lovorne (no por casualidad es la banda liderada por Luciano Napolitano, hijo de Pappo), los exponentes de renombre se cuentan con una mano.

Minutos después de las nueve, el recinto de Colegiales está a poco de llenarse y entre las camperas de cuero y parches, ver chicos del nuevo milenio acompañados por sus padres son postales esperanzadoras. Cuando las luces se apagan, como un Chevy que arranca en cuarta directa, la banda hace su aparición con “No Detenga Su Motor”, interpretada por Gastó Videla detrás del micrófono. El joven guitarrista que ya no se una promesa sino una realidad, se integró a la banda tras la salida de Nicolás (hijo de Vitico) y no le tiembla la voz cuando se calza los zapatos del gran Norberto “Pappo” Napolitano.

Sin embargo, esto es un show de Viticus, y aunque el legado de Riff siempre está y debe estar presente, el foco hoy está puesto en el quinto trabajo de estudio del conjunto. Si bien interpretar la placa en su totalidad es una jugada un tanto peligrosa ante el posible cansancio de un público que recibe material prácticamente desconocido (salvando un single y algunas presentaciones en vivo), la fórmula prueba efectiva cuando entre las composiciones más nóveles se intercalan piezas anteriores como “Esta Noche Hay Rock & Roll” o “Busco Otra Forma” extraídas de “Super” (2006), entre muchas otras. Por su parte, “Equilibrio” sigue las convenciones del género en “Mirá” y “Quiero Verte”, se acelera con “A Sangre Fría” y “Para Poder Seguir”, baja algunos decibeles en “Compañía” y experimenta cuando aparece el instrumental “Hipnótico”. En estudio, la claridad del sonido es notoria; en vivo, todas toman un vuelo mucho mayor.

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La máquina está aceitada, Vitico se muestra en sintonía con su banda y agradecido con un público que responde. Arriba del escenario, decorado con motores y carrocerías, también lo acompañan su sobrino Sebastián en guitarra (al tratarse de su última presentación con Viticus desde la gestación del grupo, el show contó con cierto grado de emotividad) y Jerónimo Sica en batería. La noche continúa y entre medio del clásico “Hay que ver… hay que ver… hay que ver… hay que ver… Pappo presidente… Vitico canciller” por parte de los presentes, pasan “La Autopista” del debut “Viticus” (2003), la infaltable “Ruedas de Metal” (Riff) y una celebradísima “Sucio y Desprolijo” (Pappo’s Blues).

Promediando las dos horas de show, la seguidilla de temas de la banda que le dio un nombre comienza a darle un broche de oro a la velada. Allí aparecen “El Forastero” (hay que ser de piedra para que no te genere algo en el cuerpo), “Que Sea Rock” aviva el pogo aún más y “La Espada” sagrada, esa joya con aires de Heavy Metal británico, marca el cierre definitivo en lo más alto. La banda cumplió, superó expectativas y mostró un futuro cercano prometedor. Tanto aquel padre con el chaleco gastado como su hijo se retiran del teatro con una sonrisa. Según Vitico, el título de la placa más reciente se refiere a su búsqueda por el equilibrio en una vida tumultuosa. Si tal es el caso, después de hoy, nosotros esperamos que nunca lo encuentre.