29 de Octubre de 2017 – Hipódromo de Palermo

John Mayer o la calma que antecede al vendaval

Estaba pronosticado. Podía ocurrir. La multitud que colmó los asientos dispuestos en el Hipódromo de Palermo sabía que el ya cuarentón americano no los iba defraudar. También que podía llover, tanto como para dejarlos con ganas de más, aunque porque no, empapados y satisfechos.

21.15 de un domingo de fin de octubre. Donde se ven los pingos, en la cancha o en la pista, John Mayer, un muchacho que ya cantó los 40, aparece y conjura a la tormenta pronosticada. Nadie quiere mirar ni otear el cielo amenazante. Mejor ignorarlo. Mejor concentrarse en la figura de ese hombrecito con aires a Johnny Deep, que detrás de unas gafas comunes y enfundado en una remera casi sin mangas y vestido sin estridencias cautiva a un público tan cool como su música.

Es que la propuesta del prolífico músico, compositor y productor discográfico estadounidense navega entre el soul, con aires de funk, el pop clásico y el rock más “hendrixniano”. Así lo demuestra en un primer set donde cautiva a una concurrencia muy top que de poder tener en sus manos un trago no dudaría en un Martini Rosso con la infaltable aceituna, un Negroni o una copa del champan más refinado.John_Mayer_Argentina_Hipodromo_de_Palermo_Octubre_2017_Buenos_Aires_2017_Bs_As_En_Foco-14

El feedback es instantáneo: en el segundo tema lo aclaman con el tan argento “Ole ole oleee Mayeeer Mayeeer” y John no acompaña un instante con su banda como para conformar; se prende instrumentalmente al cántico un par de minutos para extasiar el paladar negro de una asistencia que difiere de ese color tan denostado.

Una muy bien recibida primera parte con Helpless; Why Georgia / No Such Thing; Love On The Weekend; Rosie y la pegadiza Moving On and Getting Over antecede al acústico  en el que quien fuera novio y pareja de Jennifer Love Hewitt, Jennifer Aniston, Taylor Swift y Katty Perry ,esas ultimas pop star, seduce a las más lindas y maquilladas de Buenos Aires y captan la atención de una concurrencia heterogénea.

La tercera parte y a la que la lluvia truncará a la hora señalada o cuando el reloj señale una hora la dedica al trío que porta su identidad junto al espigado bajista Pino Palladino y al portentoso baterista Steve Jordan. Un vendaval de rock setentista con aires a Clapton, el mencionado Hendrix y el blues rock más poderoso sacude a un recinto que pronto recibirá un inesperado vendaval.

Primero el polvo, luego el viento y por último una lluvia que realmente moja. Como para poner fin a la aventura de un virtuoso que no está empecinado en demostrarlo y que lo hace más disfrutable que todos los “guitar hero” que nos visitaron y nos visitarán.

Mientras los enormes bafles que bajaban hacia el escenario flameaban infundiendo un lógico temor y reparo, la multitud corría hacia la puerta de salida en busca de algún sitio reparador.

Miles disfrutaron y miles se quedaron con las ganas de que la fiesta prosiga con “Continuum” y los consabidos bises. Pero no pudo continuar, vaya paradoja, gracias a un temporal anunciado y también demorado.

El mejor CD de Mayer quien también se perdió tras el escenario mientras los asistentes respiraron aliviados bajo el chaparrón una vez que por fin, cruzaron el disco.

 

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