02 de Noviembre de 2017 – Luna Park

Helloween hizo historia en el Luna Park

Durante más de dos horas y ante un estadio con localidades agotadas, el legendario conjunto alemán brindó un show insuperable que celebró 33 años de carrera y demostró por qué la banda es la más importante del género.

Cuando en noviembre del año pasado el anuncio del “Pumpkins United World Tour” tomó al mundo del Metal por sorpresa, era imposible dimensionar la magnitud de la gira en la que se embarcaría Helloween y la importancia que esta tendría. El paso por Argentina en el tramo latinoamericano era obligatorio y encontrar Buenos Aires en la lista de ciudades había alegrado a más de uno. Y hasta el más reacio al Power Metal miraría con ganas a semejante oportunidad. Es que la épica dupla que crearía un nuevo género en la música pesada, esas dos placas tituladas “Keeper Of The Seven Keys Part I” (1987) y “Keeper Of The Seven Keys Part II” (1988), son de esos discos que atraviesan a cualquiera. Además, la gira que pasaría por nuestro país incluía al famoso vocalista Michael Kiske y al guitarrista y vocalista Kai Hansen. Ambos personajes claves en las obras maestras de Helloween, reunidos nuevamente con sus ex compañeros. Entonces, no por casualidad, luego de varios años tocando en boliches o teatros, la banda se presentaba en un estadio cubierto.

Y al ingresar al recinto de Avenida Madero, minutos antes del comienzo, la imagen coincidía con lo que las expectativas habían hecho suponer. Un campo repleto como pocas veces se había visto, plateas llenas en los tres costados y remeras de bandas tan disímiles que iban desde Mötörhead a Blind Guardian o Pantera. Cuando la hora coincide con la indicada en la entrada, el arranque no puede ser mejor. Caen las luces y comienza a sonar ese punteo tenebroso, se le suman los primeros acordes y con un estallido cae el telón. Se trata nada más y nada menos que de “Halloween”, la increíble pieza de 13 minutos con la que la banda baja los escalones de una calabaza ubicada en el medio del escenario. Ahí están ellos, frente a un público extasiado. La imbatible dupla de guitarras que hacen Michael Weikath y Kai Hansen aparece por izquierda, Dani Löble, atrás en el medio, tiene la monstruosa labor de mantener el motor encendido con la batería mientras que Markus Grosskopf en bajo y Sascha Gerstner en la tercer guitarra entran por la derecha. Andi Deris, vocalista desde 1994 hasta hoy, canta la primera estrofa y con unos segundos de diferencia hace su aparición el enorme Michael Kiske para acompañar y despertar un rugido de los presentes. Las calabazas se han unido.Helloween_Luna_Park_Noviembre_2017_Buenos_Aires_2017_Bs_As_En_Foco_Fotos_x_Victor_Guagnini-11

Todo lo que sube tiene que bajar, pero Helloween rompe con cualquier ley establecida. Las guitarras se distinguen con nitidez y lo mismo ocurre con las voces. Desde el inicio del show, todo irá cuesta arriba. El clásico festivo “Dr. Stein” hace una temprana aparición y muestra a Deris y Kiske compartiendo estrofas y coros (algo que se repetirá en varias ocasiones más), demostrando una camaradería y conexión en escena propia de quienes fuesen mejores amigos. De todas formas, habrá lugar para que cada uno se luzca por su cuenta y tengan su momento a solas. En la acelerada “I’m Alive” los aplausos y alabanzas para un Kiske de rodillas resuenan en cada rincón y luego aumentan cuando la joya olvidada que es “Kids Of The Century” dibuja una sonrisa en el rostro de todos. Con Deris, la demoledora “Are You Metal?” —salida de “7 Sinners” (2010)— y una celebrada “Waiting For Thunder” dejan en claro que aún hay lugar para clásicos modernos.

En la enorme pantalla del medio que ilustra cada canción con elaboradas animaciones, dos divertidas caricaturas dividen cada bloque del show, haciendo travesuras con una máquina que mezcla los ingredientes para representar cada etapa en la carrera del conjunto. Cuando a uno de los personajes le crecen rulos anaranjados y una guitarra, las luces se apagan y todos saben que uno de los platos fuertes de la noche está por llegar. Ubicado en el medio de las tablas, Kai Hansen es el encargado de repasar el debut del grupo, “Walls Of Jericho” (1985) y poner el “Metal” en el “Power” del grupo. Así, el increíble medley que conforman “Starlight”, ”Ride The Sky”, ”Judas” y “Heavy Metal (Is The Law)” revuelve el campo y deja a Hansen como la figura más aplaudida de la noche frente un público entregado.

La noche continúa y entre los duetos de Kiske y Deris en la emotiva “Forever And One (Neverland)”, “A Tale That Wasn’t Right” y “Why?” se cuelan interpretaciones individuales como “Power”, la genial “Sole Survivor” y la épica “Eagle Fly Free”, donde Kiske demuestra su condición de ser extraterrestre. A esta altura hace falta lápiz y papel para corroborar qué temas podrían llegar a faltar. La noche viene siendo un repaso de todas las épocas, con el lujo agregado de desempolvar temas nunca antes interpretados u olvidados en shows de otros años. Y ahí aparece la majestuosa “Keeper Of The Seven Keys” tocada a la perfección con ambos vocalistas en escena y una catarata de solos que hacen otra postal cada vez que Hansen, Weikath o Gerstner posan en la pasarela que se mete en el campo. Pasadas las dos horas, los músicos se despiden uno por uno (Hansen, emocionado y con una bandera, hace que el lugar se caiga en aplausos) y nadie se habría quejado de tratarse del final de la velada. Pero el Luna Park sigue a oscuras, entonces la banda hace su entrada una vez más para un último aplauso a Kiske con “Future World” y el cierre definitivo con todos los músicos en escena en “I Want Out”. Lluvia de púas, fotos y aplausos. Arriba del escenario, siete músicos acaban de hacer historia.

Mientras la gente se retira, aún hipnotizada por lo que acaba de vivir, no caben dudas de que fue el mejor show de Helloween en el país ¿Y por qué no el mejor del año, si pisaron el escenario y arrancaron ganando por goleada? Para los más fanáticos, no debe ser fácil explicar lo acontecido, al menos desde la razón. Hay algo que es seguro: Argentina se convirtió en calabaza.